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Blog de Gwestiel88

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Muchas veces se nos plantean las diferencias que existen entre lo que es mito y lo que es Historia. Y aceptamos rápidamente como Historia todos aquellos hechos que tienen una fecha, que han sucedido en algún lugar determinado de la Tierra y se pueden referir a personajes conocidos; en fin, hechos fehacientes que se pueden creer, por cuanto provienen de historiadores dignos de fe. En cambio, hablamos de mitos como de relatos mucho más fantásticos, imprecisos en el tiempo, difíciles de definir y atribuidos, ya no a personajes históricos y reales, sino a personajes fabulosos que, generalmente, no se sabe siquiera si han existido.

En el caso del laberinto nos encontramos, justamente, con un mito, con un relato de hechos y personajes, que son más que nada simbólicos o que, por lo menos, la Historia difícilmente acepta como reales, y sí, en cambio, en un sentido figurado.

Pensamos que todo mito, todo hecho figurado, todo relato simbólico, en el fondo se apoya sobre alguna realidad, aunque a veces no podamos llamarla histórica. El mito es verdadero como referencia a realidades psicológicas, a vivencias humanas, a procesos y formas que se reflejan cubiertos de símbolos y echan a rodar a través del tiempo, entre los hombres, llegando a nosotros, que tenemos que tomarnos el trabajo de develarlos, esto es, quitar sus velos y volver a encontrarnos con el sentido oculto, con el sentido profundo de las cosas.

El mito del laberinto es antiquísimo y, me atrevo a decir, es común a todas las antiguas civilizaciones en donde se explica que es un pasaje difícil de recorrer, confuso, que hace perderse al hombre por intrincados senderos. A veces, se mezcla el relato de algún hombre fantástico, de algún héroe o personaje mítico que deshace el laberinto y encuentra la clave que, finalmente, lleva a la solución de este enigma que se le plantea en forma de camino.

Cuando hablamos de laberintos, el más conocido, el que más nos ha llegado a través de la mitología griega, tan asequible, tan sencilla, en forma de relatos prácticamente infantiles, es el laberinto de Creta. No voy a referirme a este laberinto tal y como lo recoge la mitología más conocida, sino que nos remontaremos un poco más atrás en busca de aquellos elementos que pudieron encontrarse gracias a los últimos descubrimientos arqueológicos en Creta, para ver qué es aquello que los cretenses adoraban y en qué fundamentaron su laberinto. Veremos, entonces, que el relato ya no es tan aniñado y se torna cada vez más complejo y simbólico.

Para comenzar, un viejo símbolo cretense, referido a su máxima deidad, era el hacha de doble filo, que también se podía simbolizar con un doble par de cuernos, un par hacia arriba y un par hacia abajo que, unidos, conformaban, precisamente, un hacha de doble filo, viejo símbolo referido a una deidad con un culto muy fuerte en Creta: el toro sagrado. Esta hacha recibía el nombre de Labris, y, según una tradición muy antigua, fue el arma con que un dios, que los griegos iban a llamar Ares-Dionisos, abrió el primer laberinto.

He aquí el relato: se cuenta que este Ares-Dionisos, dios muy antiguo de los primeros tiempos, desciende a la tierra. No hay nada creado, no hay nada plasmado; hay tan solo oscuridad, tan solo tinieblas. Pero, desde las alturas, a este Ares-Dionisos se le otorga un arma, el Labris, y se le dice que con ella ha de forjar el mundo.

Ares-Dionisos, en medio de estas tinieblas, comienza a marchar en forma circular. Esto es muy curioso, por cuanto la ciencia actual ha descubierto que generalmente, cuando estamos a oscuras y no conocemos el recinto en el cual nos hallamos, o cuando queremos salir de un sitio grande sin luz, la primera tendencia que tenemos es a caminar en círculo; y cuando nos perdemos, la primera tendencia que tenemos es también a caminar en círculo.

Hacemos estas asociaciones porque querríamos, desde un comienzo, relacionar el sentido del laberinto con ciertos atavismos que aún hoy guardamos como seres humanos. He aquí que Ares-Dionisos comienza a caminar en círculos y, con su hacha, va tallando la oscuridad y abriendo un surco. A este camino que él abre y que se va iluminando paulatinamente, se le llama laberinto; es decir, el sendero tallado con el Labris.

Cuando Ares-Dionisos, luego de tallar y tallar, llega al centro mismo de su sendero, descubre que ya no tiene el hacha del comienzo. Ahora su hacha se ha tornado pura luz; lo que tiene en sus manos es una hoguera, una llama, una antorcha que ilumina perfectamente, porque él ha realizado un doble milagro: ha tallado la oscuridad hacia fuera con un filo del hacha y ha tallado su propia oscuridad interior con el otro filo del hacha. En la medida en que hizo luz afuera, hizo luz adentro; en la medida en que abrió paso por fuera, abrió paso por dentro.

Así, cuando llega al centro del laberinto, encuentra el centro del camino: ha logrado luz y se ha logrado a sí mismo. Esta es la más vieja tradición que se puede recoger en Creta sobre el mito del laberinto. A partir de ahí, las demás son mucho más conocidas.

Muy conocida por todos nosotros es la del fantástico laberinto elaborado por Dédalo, arquitecto e inventor prodigioso de la antigua Creta, cuyo nombre se suele utilizar como sinónimo de laberinto, de pasaje confuso.

Recordando el viejo idioma de los griegos, Dédalo o Dáctil, como se le llama en otras oportunidades, es el que hace, el que trabaja con los dedos, el que construye. Su símbolo es el del constructor, no ya de un conjunto de palacios y jardines, como era el laberinto del rey Minos, sino en un sentido aún más profundo y lejano, tal vez semejante a ese primer dios que construye en las tinieblas un laberinto de luz.

Se dice que, en realidad, el laberinto de Dédalo no era una casa subterránea, ni oscura, ni tortuosa, sino un gran conjunto de casas, palacios y jardines trazados de tal forma que quien entraba en ellos no encontraba la salida. El problema no era que fuese horroroso el laberinto, el problema era que no se podía salir de allí.

Dédalo construyó este laberinto para el rey Minos de Creta, un personaje casi legendario cuyo nombre nos permite emparentarlo con muy antiguas tradiciones de todos los pueblos de estas épocas.

Este Minos habita un fantástico palacio, y tiene una esposa, Pasifae, que va a ser la gestadora de todo el drama relativo al laberinto.

Para llegar a rey, Minos contó con la ayuda de otro poderoso dios, el dios de los océanos y de las aguas, Poseidón. Para que Minos se sintiese seguro de su trono entre los hombres, Poseidón obra un prodigio: de entre las aguas y entre las espumas de las aguas, hace surgir fantásticamente un toro blanco, como un presente que otorga a este rey de las islas de Creta. Ello significa que Minos es, efectivamente, el rey.

Pero he aquí que, como la mitología griega nos suele relatar, la esposa de Minos se enamora perdidamente de este toro blanco, que es lo único que anhela y desea y, como no encuentra cómo acercarse a él, pide a Dédalo, el gran constructor, otro favor: que fabrique una enorme vaca de bronce lo suficientemente bella y atractiva como para que el toro se sintiese inclinado por la vaca y Pasifae quedase escondida en ésta.

La tragedia es enorme: Dédalo construye la vaca, Pasifae se esconde, el toro se acerca a ella y de esta extrañísima unión entre una mujer y un toro blanco, va a surgir una bestia mitad hombre, mitad toro: el Minotauro. Este monstruo, este engendro, va a residir en el centro del laberinto, que, a partir de ahora, se va a transformar, y no será ya un conjunto de jardines y palacios, sino un lugar tétrico, aterrador y doloroso: el recuerdo perpetuo del drama del rey de Creta.

En otras antiguas tradiciones, además de la de Creta, encontramos una explicación un poco menos simplista para el drama de Pasifae y el toro blanco.

Descubrimos, por ejemplo, en los relatos de la antigua América precolombina y en la India, alusiones a que en un determinado momento de la evolución humana, hace millones de años, según nos dicen, hubo un instante en que los hombres se confundieron y mezclaron con los animales y, de esa aberración y ruptura de las leyes de la Naturaleza, surgieron verdaderos monstruos, seres híbridos, extrañísimos de definir. No era solamente que guardasen en sí la maldad, como en el caso del Minotauro, sino que guardaban la vergüenza del secreto que no debería revelarse jamás después de que pudo borrarse esta cuestión de la memoria de los hombres.

Así, la relación de Pasifae y el toro y el nacimiento del Minotauro hace, en cierto modo, referencia a estas antiguas humanidades y a estos viejos procesos que se ocultaron del recuerdo en un determinado instante.

Por otra parte, el monstruo, el Minotauro, representa la materia ciega e informe, sin inteligencia ni dirección, encerrada en el centro del laberinto esperando las víctimas propiciatorias.

Continúa la leyenda y he aquí que, con el correr de los años, el Minotauro, dentro de su laberinto, se convierte en un verdadero elemento de terror. El rey de Creta, por cuestiones de guerra, cobra a los atenienses un espantoso tributo: cada nueve años tienen que enviar a siete jóvenes y siete doncellas vírgenes como sacrificio para el Minotauro. En la tercera oportunidad, se levanta un héroe en Atenas, el ateniense por excelencia, Teseo. Teseo se propone a sí mismo no asumir el reino de su ciudad hasta tanto no la pueda liberar de semejante castigo, hasta tanto no pueda matar al Minotauro.

Teseo se apunta él mismo para ir entre los jóvenes que van a ser sacrificados, llega a Creta, y con la clásica estratagema de enamorar a la hija de Minos, Ariadna, logra que esta le entregue un ovillo de hilo para penetrar en el laberinto y, tras matar al Minotauro, encontrar la salida. Efectivamente, el ovillo es fundamental. Entra y lo va desenrollando a medida que penetra por los intrincados pasillos. Cuando llega al centro, con su fuerza descomunal y su voluntad, mata al Minotauro y logra salir.

Si leemos historias simples y sencillas, Teseo mata al Minotauro con una espada, a veces con un puñal. Pero si nos vamos a los más viejos relatos y a las figuras que encontramos en antiguos vasos áticos, Teseo mata al Minotauro con un hacha de doble filo. Una vez más, el héroe, que se abrió camino dentro del laberinto, cuando llega al centro realiza el prodigio con un Labris, con un hacha doble.

Hay un misterio más que dilucidar todavía: lo que Ariadna entrega a Teseo no es exactamente un ovillo, sino que es un huso alargado con hilo. Y este huso es el que Teseo irá desenvolviendo a medida que penetre en el interior del laberinto. Pero cuando Teseo sale y comienza a recoger su hilo y enrollarlo nuevamente, lo va a sacar perfectamente circular. Ahora sí es una esfera, un ovillo. Este símbolo tampoco es nuevo. El huso alargado con que Teseo penetra es la imperfección de su propio ser interior, que necesita desenvolverse, pasar una serie de pruebas. La esfera que construye al recoger el hilo es la perfección lograda al haber dado muerte al Minotauro, tras haber pasado la prueba y salido nuevamente al exterior.

Laberintos hubo muchos y Teseos también. No faltan tampoco en España. En toda la zona del Camino de Santiago de Compostela y en toda Galicia, existen infinidad de grabados en piedras, antiquísimos, de laberintos dibujados, repetidos sistemáticamente como si fuesen una señal, una marca que atrae también al peregrino del Camino de Santiago y le induce a recorrer este sendero que, si bien a nosotros se nos presenta como recto, en cuanto al sentido simbólico y de realización espiritual es también un laberinto.

Laberintos encontramos en Inglaterra, en el famoso castillo de Tintagel, donde se dice que nació el rey Arturo.

También los encontramos en la India, donde fueron tomados como símbolo de meditación, de reconcentración, de retorno sobre el propio eje.

Y en el Antiguo Egipto, en la ciudad de Abydos, tan antigua que casi se entronca con la historia predinástica de Egipto, es donde existía un laberinto que se llamaba Caracol; era el Caracol de Abydos y, precisamente, un templo circular, en cuyos pasillos se celebraban ceremonias relativas al tiempo, a la evolución, a los muchos caminos que tenía que recorrer el hombre hasta encontrarse con el centro, que es en realidad el mismo hombre.

Incluso, y refiriéndose a Egipto, este Caracol de Abydos parece haber sido nada más que la parte infinitesimal de otro enorme laberinto, al cual hace referencia Herodoto, diciendo que el laberinto egipcio era tan grande, tan tremendo, tan maravilloso y tan fantástico, que la Gran Pirámide quedaba oscurecida a su lado.

Hoy no lo encontramos y solo nos quedan los datos de Herodoto. Como de costumbre, los hombres, después de haber llamado a Herodoto durante muchos años “El padre de la Historia”, “Herodoto el Veraz” y otras cosas por el estilo, como no todo lo que menciona se encontró, afirmamos que no estaba muy seguro de lo que decía. La cuestión es que tantas cosas han aparecido que quizás valga la pena tener paciencia y ver si no aparece también aquel laberinto que mencionaba el historiador griego.

En el Medioevo, en las catedrales góticas, tampoco faltaban laberintos. Uno de los más famosos, y que suele representarse en casi todas las ilustraciones, es el laberinto de Chartres, dibujado en las losas del pavimento de la gran catedral, laberinto que no es para perderse sino para recorrer, en una especie de camino iniciático, de camino de realización y de logros, que el candidato, el discípulo, aquel que pretende acceder a los Misterios, debe recorrer.

Es dificilísimo perderse en el laberinto de Chartres; los caminos están perfectamente señalados, las curvas y los trayectos están a la vista, pero lo importante es llegar al centro, a la piedra cuadrada donde los clavos marcan las distintas constelaciones y donde el hombre, de una manera alegórica, ha llegado al Cielo, se ha incrustado entre las deidades.

Probablemente todos estos mitos de la Antigüedad, y aun los laberintos simbólicos que se trazaban en las catedrales, obedecían no tanto a una realidad histórica, sino tal vez a una realidad psicológica. Y la realidad psicológica del laberinto está tan viva hoy como siempre. Si en la Antigüedad hablábamos de un laberinto de Iniciación, que es el camino para que el hombre pueda realizarse a medida que lo recorre, así también hoy debemos hablar de un laberinto que se traduce en forma material y en forma psicológica.

En forma material no hay que buscar mucho: todo el mundo que nos rodea, todo aquello en lo que estamos inmersos, en donde vivimos y nos desenvolvemos, constituye un laberinto. Lo que pasa es que ni los que penetraban en los jardines de Creta se daban cuenta de que entraban en el laberinto ni nosotros, cuando estamos en nuestro mundo circundante, somos conscientes de estar en un laberinto.

Sin embargo, los jardines cretenses lo eran, como nuestro mundo circundante es un laberinto que suele atrapar.

Psicológicamente, la angustia de un Teseo que buscaba al Minotauro para matarle es también la angustia del hombre que teme y que está desconcertado.

Tenemos miedo porque no sabemos; miedo porque desconocemos cosas y en ese desconocimiento nos sentimos inseguros. Temor que se manifiesta muchas veces en no saber qué elegir, no saber qué hacer, hacia dónde dirigirse, y dejar correr los años de la vida en una medianía perpetua, agotadora y tristísima: todo a cambio de no tomar una decisión y no ser, ni una sola vez, firmes.

Desconcierto es la otra enfermedad que nos aqueja psicológicamente en el laberinto actual. Desconcierto porque, obviamente, es muy difícil poder decir de nosotros mismos quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. Estas tres postulaciones tan simples, tan sencillas, que casi no parecen preguntas, sino cosa de niños, son las que crean, sin embargo, nuestro desconcierto fundamental. ¿Qué sentimos darle a nuestra vida sino un puro desconcierto? ¿Para qué trabajamos o para qué estudiamos? ¿Para qué vivimos y qué es la felicidad? ¿Qué perseguimos? ¿Qué es la tristeza y cómo la adivinamos?

Psicológicamente, seguimos inmersos en un laberinto; psicológicamente, aunque no haya monstruos, aunque no haya pasadizos, estamos perpetuamente atrapados.

Claro está que el mito nos ofrece una solución. Teseo no entra con las manos vacías al laberinto; tampoco es lógico que nosotros resolvamos el problema de nuestro laberinto con las manos vacías. Teseo lleva dos cosas: un hacha (o una espada, como se quiera) para matar el monstruo, y un huso de hilo, su ovillo para encontrar el camino.

Traduzcamos un poco esto a nuestro lenguaje.

El hacha o la espada ha sido siempre un símbolo de voluntad. ¡Cuántas tradiciones medievales recogen todavía aquello de la espada clavada en la piedra que sólo el hombre de fuerte voluntad va a poder extraer! ¿Qué es eso de extraer la espada de la piedra? Es la voluntad que extrae lo vertical de la materia, que es horizontal; es decir, que una de las fundamentales armas que necesitamos para abrir los caminos en el laberinto es voluntad, fuerza de voluntad.

Otra arma importantísima es el hilo, la astucia del hilo que se va a desenvolver por los caminos para encontrar el regreso. Ese hilo es perseverancia y, diríamos más, es memoria. ¿Por qué se echa el hilo por los caminos del laberinto? Porque nosotros estamos imposibilitados para recordar por dónde caminamos, por dónde vamos, con qué escollos tropezamos y por dónde podemos salir. No pudiendo recordarlo, utilizamos el sortilegio del hilo que volveremos a encontrar y nos va a indicar el camino del regreso. Es la posibilidad laberíntica de no repetir los mismos errores, de reconocer aquellos sitios que hemos ido hollando con nuestra propia evolución y de saber cuáles son los caminos que nos quedan por recorrer y cómo debemos hacerlo.

Para los griegos Ariadna es el alma que, en el momento justo, cuando Teseo está más desesperado, le entrega una respuesta y una salida, una llave, una solución. Eso que vibra, eso que vive, eso que nos proporciona las soluciones en el momento justo, eso es Ariadna, el alma, la salvadora que aparece oportunamente y nos da la solución para resolver nuestro problema.

El Minotauro es exceso de materia, es la materia que crece, que atrapa y todo lo traga para sí. Es a ese exceso de materia al que hay que destruir, antes de que él destruya al Teseo que entra en el laberinto.

Cuando se toma conciencia del laberinto, cuando se penetra en él, tanto hoy nosotros como Teseo en la mitología griega, hay que concienciar también la importancia de encontrar la salida. El que halla la salida, destruye el laberinto.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la salida del laberinto no está fuera; la salida del laberinto está exactamente en el centro, en el corazón del laberinto. El que penetra en el laberinto y, advirtiendo sus recovecos y tortuosidades, siente miedo y huye, el que pretende escapar hacia los laterales o quedarse fuera, o tan solo husmear apenas la superficie, ese no resuelve el laberinto. Hay que hacer verdaderamente como Teseo: introducirse, caminar, llegar al centro mismo. En el centro está la salida, no hacia fuera. Hay que tener la valentía de un Teseo y enfrentar los monstruos.

Ciertamente, es muy difícil que se nos aparezca a nosotros este elemento prehistórico mitad hombre, mitad toro. Pero nosotros tenemos monstruos diarios que se nos enfrentan y con los que debemos batallar, si es que nos atrevemos. Dudas, preocupaciones, rencores, temores, inseguridades que, aunque no tomen cuerpo físico, viven en nosotros y tienen tentáculos tan poderosos como el Minotauro de Creta. A estos hay que saber enfrentarlos con las armas de la voluntad, de la inteligencia, de la memoria.

Dicen los antiguos que el laberinto no se recorría de cualquier forma, que la manera ideal de recorrer el laberinto era danzando o realizando pasos de tal forma que todos estos pasos describiesen figuras; figuras en el suelo, figuras en el espacio, figuras rituales y mágicas. Nosotros, de alguna forma, deberíamos danzar a lo largo de la vida, llamando así al proceso de evolución.

Si logramos que cada uno de nuestros pasos no se resuelva tan solo en su laberinto horizontal, sino que, por el contrario, esté en un escalón superior, un punto más arriba, habremos realizado esa extraña y misteriosa danza que es la evolución y aprendido a dar esos pasos justos y medidos, esos que no se dan de cualquier manera y en cualquier sitio, sino que son “los pasos del camino”.

En todos nosotros está también el trabajo de despertar a Teseo, darle vida, sacar ese héroe a la luz. En todos nosotros existe un segundo nacimiento, que no es el de haber aparecido a la vida físicamente, sino ese otro en el cual nuestro héroe interior se manifiesta con sus mejores armas, con sus mejores galas, con sus mejores fuerzas y cualidades.

Indudablemente, no somos todos iguales; no somos todos igualmente heroicos, ni a la hora de practicar la heroicidad nuestros actos coincidirían. Hay quienes van a ser heroicos en un sentido y quienes lo van a ser en otro: unos se volcarán hacia el estudio, hacia las ciencias, hacia el arte, hacia la religión, hacia la política; otros se volcarán hacia la meditación interior; los hay que se volcarán hacia su familia, hacia sus seres queridos, hacia, simplemente, adornar la vida de los que tienen alrededor.

Mas todo eso es un acto heroico si nace del verdadero ser interior. Por eso hemos escogido el tema de un héroe griego que penetra en el laberinto, que mata a un monstruo y que se encuentra con su alma, que le ayuda para salir. Viejo tema que nos permite comprobar una vez más que los años han pasado y que las civilizaciones solo aparentemente han cambiado mucho.

El problema de recorrer el laberinto y salir de él sigue siendo nuestro. Las armas de Teseo pueden ser nuestras armas, y ese héroe que adorna las páginas legendarias, que nos maravilla con sus vestiduras, con sus cabellos de oro, ¡también está en nosotros!

Delia Steinberg Guzmán.


Fuente: https://biblioteca.acropolis.org/el-laberinto/

Por Xentor Xentinel
Basado en información de Federico Bellini, e investigación propia.

NOTA: Este artículo no pretende ser la verdad absoluta, y está sujeto a posibles revisiones y actualizaciones futuras.


Las Mantis son alienígenas de Tipo Insectoide, semejantes a los insectos terrestres conocidos como Mantis Religiosa. Según Anton Parks, el nombre sumerio de estos seres sería Nim, palabra que tiene los significados de «Insecto», «Príncipe» y «Ser Elevado».

Debido a una estrategia político-reproductiva de supervivencia, su sociedad está organizada jerárquicamente en tres estratos o grupos sociales, distinguidos por segmentación cromática, a los que pertenecen bio-políticamente de por vida, y por decreto de nacimiento:

Mantis Blancas: Una reducida Elite que ocupa la cumbre de poder o jerarquía. Corresponde históricamente a la raza más antigua. Se trata de individuos hermafroditas en su totalidad —característica que les ha permitido conservar su pureza hasta hoy— sujetos a formas de gigantismo extremo, llegando a medir hasta 8, o incluso 10 metros.

Mantis Marrones: Siguen por cantidad de ejemplares e importancia a las anteriores, gozando de un status social intermedio. Su altura oscila entre los 4 y 6 metros, y están formadas por un 98% de hembras, y un 2% de ejemplares hermafroditas.

Mantis Verdes: Es la más común y abundante, conforma la base de la pirámide de población mantídea. Miden cerca de 2 metros, pudiendo distinguirse ejemplares de menor estatura.

Existe además una cuarta y poco frecuente raza de Mantis Marrón-Doradas, pero al parecer, este color es fruto de una mutación genética que no otorga privilegios de tipo jerárquico-social.

De la unión reproductiva de una Mantis Marrón hembra con una Mantis Blanca hermafrodita, nace una Mantis Verde u Operaria. Existen amplios campos de cultivo para este fin. La estructura social mantídea garantiza que la mayor parte de Mantis Verdes desconozcan quienes son sus progenitores, si bien también parecen ignorar la existencia de la Elite que los gobierna.


LAS 7 CASTAS

La pirámide de población mantídea está formada por 22 Niveles que pueden agruparse en 7 Castas distintas, respondiendo a siete intereses o finalidades bio-políticas determinadas desde el momento de nacer, y sin posibilidad de ascensión. Son las siguientes:

CASTA 1 (Elite o Estado de la Virginidad): Corresponde a los Niveles 1 a 4. Formada por 56 Mantis Blancas físicas (14 ejemplares en cada una de las 4 Ciudades-Estado) que contienen la Memoria Virtual Activa de 112 ejemplares fallecidos. Una Mantis Blanca vive alrededor de 12.000 y 14.000 años (teniendo en cuenta que 12.000 años mantidianos equivalen a 1.100 años terrestres). Cuando una Mantide Blanca está a punto de morir, traspasa su memoria a un sujeto blanco mantidiano recién nacido, con el fin de preservar sus recuerdos intactos, consiguiendo así una suerte de pseudo-inmortalidad, en forma de truco tecnológico, sólo al alcance de la Elite (en el caso de esta raza). 

CASTA (Senado): Equivale a los Niveles 5 a 7. Formado íntegramente por Mantis Blancas, representa la estructura o Foro Político Planetario y de Gobierno Centralizado Mantídeo. Son parte de la propia Elite.

CASTA 3 (Reproducción de Mantis Blancas): Incluye los Niveles 8 a 10. Está formada por Mantis Blancas, cuyo único fin consiste en reproducirse a sí mismas —con el objetivo de asegurar la permanencia de su raza—, y fecundar a Mantis Marrones con el fin de procrear Mantis Verdes de tipo obrero, manteniendo así el orden social establecido. Elite.

CASTA 4 (Reproducción de Mantis Marrones): Corresponde a los Niveles 11 a 13. En opinión de Federico Bellini, esta es una casta clave: una especie de talón de Aquiles mantídeo que sostiene la totalidad del orden jerárquico establecido. Es también la Casta Intermedia (3+1+3). Está formada por el 2% de Mantis Marrones hermafroditas, cuyo único objetivo y sentido biológico concierne a la propia auto-reproducción, teniendo en cuenta que la mayor parte de ejemplares nacidos serán hembras y, por tanto, pertenecerán inevitablemente a la casta inferior. Descrita a continuación:

CASTA 5 (Reproducción de Mantis Verdes): Esta casta contiene los Niveles 14 a 16 y está formada por Mantis Marrones hembras (98% de la población total de Mantis Marrones) que serán utilizadas por la Casta 3 de Mantis Blancas para la reproducción en serie de Mantis Verdes (que conforman los dos últimos estrados).

CASTA 6 (Operarias u Obreras): Equivale a los Niveles 17 a 19. Constituida íntegramente por Mantis Verdes.

CASTA 7 (Militares): Equivale a los Niveles 20 a 22. También formada por Mantis Verdes.



SISTEMA ESTELAR Y PLANETA

Según el Dr. Malanga, las Mantis provendrían de ACO-117, un Sistema formado por 4 Planetas de tipología terrestre:

  • El Primero, y más cercano a su Estrella, tiene un tamaño similar a nuestra Tierra. Se trata de un planeta inhabitado, de temperatura extrema, lleno de cráteres y formado por roca semi-fundida. 

  • El Segundo es el que ocupan las Mantis, de tipo desértico, y con un tamaño que duplica a la Tierra. La rotación del Planeta Mantídeo alrededor de su eje tarda 46 Horas.

  • El Tercero en orden tiene un tamaño similar a Marte, y está recubierto por un 90% de agua dulce y un 10% de vegetación de tipo fluvial. 

  • El Cuarto Planeta de su Sistema está recubierto de roca y hielo.
  • A modo descriptivo podemos decir que el Planeta de las Mantis va de lo árido arenoso (como el Desierto del Sahara), a lo rocoso semiárido (como determinados desiertos americanos). En los polos, la aridez propia del planeta continúa, aunque con temperaturas mucho más frías, apreciándose hielo en minúsculas cantidades. En general, se trata de un Planeta poco abrupto en el que no destacan cadenas montañosas dignas de interés. Existen formas de vida vegetal esporádicas que sobreviven a pesar de la elevada concentración en sales del terreno.

    El Planeta presenta una composición altamente alcalina por su alta concentración en Sodio, pareciendo ser ésta su principal fuente de alimentación. Por esta misma razón, todo el Planeta tiene un fuerte olor alcalino que recuerda vagamente al de una pila o batería oxidada. 

    Su Atmósfera está formada por un alto porcentaje de Anhídrido Carbónico (el responsable de su gigantismo), Nitrógeno, Ozono, Oxígeno y —sobre todo— Argón y Metano. Para un ser humano, vivir en un ambiente parecido sería del todo imposible; como también resulta dificultoso para ellas habitar en nuestro Planeta. Por ejemplo, altas cantidades de Oxígeno y Nitrógeno provocan estados alterados de consciencia y desequilibran las capacidades psíquicas de una Mantis, provocando irremediablemente —si la situación persiste— la muerte del ejemplar.

    La estructura de su «ciudad» —si así puede llamarse— recuerda a un hormiguero gigantesco que se expande bajo tierra a escala planetaria. De hecho, no existen ciudades-mantidianas propiamente dichas, si bien es cierto que se localizan puntos de mayor aglomeración en determinadas zonas del planeta coincidiendo con 4 antiguas Ciudades-Estado, actualmente unificadas por criterios de control bio-político.

    Según el Contactado Ricardo González, de Perú, también habrían seres Insectoides en un Planeta llamado Acudrux, en el Sistema Antares de Escorpio.


    HISTORIA

    Antiguamente existían distintas facciones o familias que ostentaban el poder y supremacía, batiéndose en combates sangrientos sobre la superficie del Planeta. Posteriormente —y con el fin pactado de preservar la especie— se ha llevado a cabo un proceso de asimilación y unificación que ha repercutido visiblemente en su sistema social y organizativo (por ejemplo con la unificación de las 4 grandes Ciudades-Estados que anteriormente pertenecían a 4 Clanes rivales). Este poder único y centralizado ha permitido a las Mantis Blancas alcanzar una posición genético-social dominante. 

    La adquisición de tecnología facilitada por parte de la Jerarquía Superior —que visitó el planeta mantideo en tiempos remotos— supuso un gran paso hacia adelante en el nivel evolutivo de esta especie, permitiendo dos hitos: por un lado la especialización científico-militar de una gran parte de Mantis Verdes y, por el otro, el desarrollo y amplificación de las habilidades psíquicas innatas de esta raza, si bien en deprimiento del uso de la fuerza física (que raramente emplean). Ha sido precisamente gracias a su alto psiquismo que esta raza ha sido seleccionada por Grupos de Poder superior para colaborar en determinados proyectos. 

    Mucho antes de llegar a la Tierra, las Mantis estudiaron atentamente, clasificaron y documentaron 12 formas de vida «de su interés» en el tercer Planeta de su Sistema, que más tarde manipularon hasta crear robots biológicos como mano de obra para tareas que su anatomía les impide realizar. Actualmente, estos seres se parecen más a verdaderos robots que a organismos vivos, pero es gracias a su componente biológico que las Mantis ejercen un control implacable sobre ellos, a través de sus capacidades psíquicas de potencia envidiable. 

    Hoy, el Grupo de Poder Mantídeo está directamente implicado en Operaciones de Abducción de seres humanos sobre el Planeta Tierra (los cuales son elegidos por motivos de bio-compatibilidad genética). Según Bellini, históricamente, esta raza ha colaborado con los judíos desde que Abraham abandonó la Mesopotamia. También suelen ser de origen hebreo las personas que abducen.

    Entre sus aportaciones a la Humanidad destacan especialmente la escritura semítica (de orígen mantídeo) que más tarde acabaría derivando en el idioma hebreo (de raíz mantídea). Su voz se asemeja a un silbido metálico. Actualmente, los militares israelíes colaboran con las Mantis, conocidas en ambiente militar por el Código 9052.

    Dibujo de una mujer abducida por Mantis.

    PARTE 4


     


    Síndrome del Edificio Enfermo


     


    Actualmente se investigan las condiciones generadas por los edificios y al comparar la calidad del aire al interior de una habitación con la calidad del aire en el campo, los investigadores han encontrado que hay una enorme diferencia en la cantidad de iones por centímetro cuadrado.


     


     


    ¿Cuál es la causa de todo esto?


     


    Aparentemente sería la expulsión de la energía vital a través de las esquinas.


     


     


    Diagnóstico a nivel planetario


     


    Si la vida es movimiento, entonces los iones son los embajadores de la vida y podríamos afirmar que donde están presentes en abundancia la vida se manifiesta en forma saludable.


     


     


    Si imaginamos que la mayoría de la población mundial vive dentro de habitaciones cuadradas, podemos explicar, en parte, la gran cantidad de situaciones de insanidad que es propiciada por estas condiciones tanto a nivel físico como a nivel emocional y mental.


     


    La energía vital que es retirada de los ambientes, también es retirada del campo de energía de las personas de una forma imperceptible y silenciosa. Muy pocos son los que se han dado cuenta que hay algo en sus casas que les quita su energía, y por ello prefieren salir a la calle y mejor aún si pueden ir a pasear por la naturaleza.


     


    Quienes normalmente perciben este fenómeno, son aquellos que inician una vida superior, para la cual requieren de mayores niveles áuricos de energía vital, para sustentar una comunicación mayor con Todo.


     


    Normalmente se busca un mayor nivel de energía en contacto con la naturaleza y en salidas de casa que “carguen nuestras baterías”, incluso podemos visitar centros de poder o puntos especiales de la tierra, en donde esta energía abunda.


     


    La clave de las pirámides de luz está en que permiten convertir nuestra propia casa en uno de estos lugares cargados y llenos de energía vital, permitiéndonos vivir en un centro de poder, en donde día a día nuestro nivel de energía se mantenga alto y nos permita partir hacia una verdadera evolución en donde broten lo mejor de las virtudes y valores correspondientes a niveles mayores de vitalidad, para realizarnos como seres humanos completos.


     


     


    Creando un cuerpo de luz para nuestras casas


     


     


    Estamos hablando de la raíz de la salud de millones de personas, por que somos millones los que vivimos entre cuatro paredes. Sin embargo, no necesitamos mudar de ambientes o hacer nuevas casas, sino que lo que podemos hacer es CREAR UN CUERPO DE LUZ PARA NUESTRA CASA.


     


    Físicamente continuaremos a vivir entre cuatro paredes, pero no interesa si estamos en un departamento que forma parte de un gran edificio, una zona llena de construcciones, o si estamos en una cabaña en el medio de la naturaleza. Lo importante es superponer un cuerpo energético que ocupe el mismo espacio, aprovechando la arquitectura existente y entonces pasaremos a vivir entre pirámides de luz, recibiendo su benéfica influencia.


     


    Ahora esta técnica para construir pirámides de luz, permite crear un cuerpo de luz que energice el lugar donde pasamos gran parte de nuestro día, nutriendo de vitalidad nuestra aura, incrementándola de tamaño en 200% aproximadamente.


     


     


              


     


    Esto es fundamental para nuestra salud, para estar siempre sanos y fuertes, pues todas las funciones de nuestro cuerpo usarán esta energía extra para generar una evolución sostenida tanto a nivel físico como emocional y mental.


     


    Esto equivale a vivir en el medio de un cristal de agua, como si pudiéramos ser tan pequeños que habitásemos las zonas entre los átomos de una molécula, una zona definida por geometría tridimensional, una zona del espacio que recibe la energía universal y que mantiene, por su forma geométrica, un campo electromagnético generador de vida.


     


    El cuerpo energético o cuerpo de luz es un cuerpo generador de vida, y si felizmente conseguimos crear uno en nuestra habitación, serán muchos los beneficios, y a partir de la primera noche sentiremos una diferencia que acumulativamente a los tres meses tendrá mudado nuestra vida, por que la podremos vivir más plenamente.


     


    ¿Por qué es indispensable este cuerpo de luz en nuestras casas?


     


    La razón fundamental para que hagamos todo el trabajo de crear pirámides de luz en los lugares que habitamos para dormir o trabajar está en que todas las actividades humanas necesitan energía extra.


     


     


    Nuestros cuerpos viven gracias a la geometría molecular y de los órganos construidos según los modelos fractales que también son geométricos. Esta vida orgánica tiene su propio nivel de supervivencia y desarrollo y para ello usa la energía proporcionada por esa microgeometría.


     


    La actividad HUMANA más allá de la animal, necesita de otro nivel de energía que alimente nuestra aura, al igual que la energía llena de vitalidad una célula.


     


    La energía a nivel micro es la misma que a nivel macro, la única diferencia esta en el tamaño de la forma geométrica que la contiene.


     


    Si consideramos todo nuestro cuerpo y nuestra aura como una única célula, podremos ver que esta célula necesita alimentarse de la energía canalizada y concentrada a partir de la arquitectura de las casas y oficinas, modificadas con los criterios de la Ciencia de Luz, para generar campos electromagnéticos amplios que acumulen vitalidad.


     


    Las emociones y la mente funcionan a un nivel inferior a la conciencia pura, pero cada uno de estos niveles necesita de la respectiva geometría para expresarse y manifestarse.


     


    El Programa Evolutivo Superior


     


    Un ser humano que esté en un nivel de percepción y energía determinado, realizará las funciones y tendrá las emociones y pensamientos relativos a ese nivel.


     


     


    Dentro de una ciudad existen varios tipos de pobladores que aparentemente son iguales físicamente, pero a nivel interno o molécular tienen una conformación fractal diferente según los principios que la astrología explica.


     


    Por eso relativamente pocos individuos han podido acceder a la vida superior, por que su conformación física original no les permite canalizar mayores cantidades de energía cósmica.


     


     


    Un nuevo programa evolutivo para toda la humanidad, necesita de elementos que puedan propiciar una elevación de las frecuencias a las que una persona normal está sometida.


     


    Basta vivir unos meses dentro de una pirámide de luz o dentro de un cubo evolutivo, para percibir claramente y vivencialmente lo que estamos afirmando. Por suerte, no hay palabras ni argumentos que reemplacen lo que podemos vivir y sentir en nuestra propia piel gracias a estos campos gigantescos de energía formados a partir de las pirámides de luz.


     


     


    El nuevo programa evolutivo adecuado a esta era de luz, necesita de nuevos ambientes ligeramente modificados físicamente, acoplando formas geométricas de luz gigantes, que creadas a partir de la misma construcción serán los úteros para el nacimiento y formación de nuestros cuerpos de luz superiores, a nivel individual.


     


     


    Actualmente la mayoría de nuestra humanidad aún no ha activado ni usado sus cuerpos superiores de luz, cuando esto sea realizado en forma colectiva podremos disfrutar por fin de una paz y abundancia inigualables, debido al desarrollo de nuevos sentidos y percepciones que nos confirmen la Unidad de Vida.


     


     


    El mayor beneficio de la utilización de estas pirámides de luz se verá a nivel colectivo más que personal, una transformación social y política sin precedentes nos llevarán a acabar con las fronteras y establecer una Unión Planetaria efectiva.


     


     


    Esta unión empieza en casa y depende del nivel de energía que las personas tengan en sus auras.


     


     


    Un aura limpia sin energías densas, y que acumule un nivel suficiente de bioenergía tendrá un nivel de felicidad mínimo que garantice relaciones humanas armoniosas.


     


     


    Esta relación entre la pureza y brillo del campo electromagnético que rodea al cuerpo y su efecto en las relaciones interpersonales es muy importante de ser analizada.


     


    Cuando una persona está con el aura manchada canalizará emociones y pensamientos relativos a esa mancha. La mancha ya supone densidad de algún tipo y muchas veces ausencia, como huecos dentro del huevo áurico.


     


     


    Muchas veces la mancha en el aura denota alguna energía estancada que puede generar un reflejo en el cuerpo físico como una enfermedad.


     


    Estas técnicas de luz permiten limpiar el aura de estas manchas, promoviendo la salud física y también la salud psicológica, en especial si realizamos alguna meditación especial en el medio de estas pirámides de luz, y mejor aún en el medio de una habitación preparada como un cubo superior.


     


     


    El cubo superior como un ACELERADOR CUANTICO


     


     


    Cuando una habitación en forma cúbica está preparada con los ocho triángulos en las ocho esquinas correspondientes, eso significa que al interior se han formado por lo menos seis pirámides que confluyen al medio.


     


     


    Seis pirámides de luz que confluyen al medio le dan a ese punto una característica especial pues es en ese punto que la energía tan concentrada formará una esfera de luz. En la figura de abajo debemos notar que las esquinas en color violeta representan los lugares en donde están instalados los triángulos en una habitación, y las líneas que forman las pirámides son en realidad invisibles al ojo normal. Esta figura representa lo que se puede ver a nivel energético al transformar un simple cuarto en un acelerador cuántico.


     


     


    Esa imagen y complejidad es ampliada si nos damos cuenta de las innumeras líneas conexas que se forman también, construyendo un fractal piramidal de afuera hacia el centro de la habitación.


     


     


    El cubo superior en realidad puede ser llamado de ACELERADOR CUANTICO, pues al ser una estructura de líneas de energía y paredes de energía, que a su vez logran canalizar seis flujos correspondientes a las seis caras del cubo físico, o sea a las seis bases de las seis pirámides básicas, produce un cambio a nivel atómico debido a la súper estimulación que se produce en las orbitas de los electrones y de los protones.


     


     


    Este cubo metatrónico es en realidad una máquina ascencional.


     


     


    Las seis caras del cubo simple fueron reorientadas a través de los ocho triángulos, invirtiendo el flujo y creando un templo etérico que puede ser muy útil si se sabe como usarlo como una herramienta de cura y meditación, con resultados sorprendentes.


     


     


     


    Un acelerador cuántico común o ciclotrón esta compuesto de dos magnetos super poderosos que hacen girar los electrones en sentidos inversos como dos licuadoras que se miran entre si. Al colisionar los electrones se producen varios experimentos que ayudan a la física subatómica.


     


     


     


    El mismo efecto podemos hacerlo en nuestro cuarto, claro que la potencia de nuestro cubo evolutivo esta regulada automáticamente por los flujos que son emanados en forma natural por la tierra y el sol y el resto de cuerpos en el espacio, además la frecuencia esta adaptada por el tamaño de los triángulos y resuenan con la geometría de nuestro cuerpo.


     


     


    Este ciclotrón múltiple sirve para acelerar nuestras partículas y sólo de estar parados, ahí en el medio, podremos sentir una leve vibración en especial en la zona de nuestro pecho.


     


     


    De pie elevamos nuestras manos al cielo y visualizamos que desciende una gran catarata de luz amorosa, que penetra por nuestra coronilla y llega hasta nuestro ombligo, en donde se encuentra con el flujo ascendente que viene desde el centro de la tierra.


     


     


    Ese choque de flujos al medio de nuestro ser es como un molino en donde las energías densas son trituradas y aceleradas hasta sutilizarse.


     


     


    Para descargar la energía que no queremos la dejamos escapar visualizando un chorro de energía que sale del ombligo y cae a tierra en donde puede ser aprovechada por el ser planetario.


     


     


    Si sincronizamos esta visualización con nuestra respiración, y si realizamos la respiración visualizando el flujo cósmico no necesitaremos más de tres minutos para estar con energía de sobra, habiéndonos limpiado de todas nuestras manchitas y habiendo estimulado nuestro sistema energético para avivar su evolución natural progresiva y acelerar sus procesos.


     


     


    Si deseamos hacer alguna meditación a favor de la paz y el amor, este ambiente preparado nos facilita el tornarnos un auténtico pilar de luz. Esta práctica frecuente estimulará y facilitará la creación de nuestro propio cuerpo de luz o Merkaba.


     


     


    La Ciencia Cuántica contenida en esta meditación es muy poderosa y por tanto debe ser efectuada con mucha moderación y tomando bastante agua, que mejora nuestra conductividad eléctrica y nos previene de quemarnos con exceso de LUZ.


     


     


     


    Dentro del Acelerador Cuántico se despiertan leyes eléctricas de dimensiones superiores y por tanto procesos de transmutación y cura pueden ser efectuados muy rápidamente, dependiendo de la pericia del terapeuta o de la persona que medita

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